Capítulo X
La
imaginación hecha ludismo: juego
La
imaginación convertida en acción se vuelve simulacro (eidolón), que al
impregnarse de motricidad, se torna juego. Jugar, es
imitación dentro de un espacio imaginario traducida en acción: transferir en un
otro, en un irreal, la evasión y la correspondencia.
El juego es
gozoso porque se mueve con la alegría que resulta frente a la descarga del “no
sentirse esforzado”.
En el juego
se puede acoger también la pena, el dolor y hasta el terror, todos constituyen
un reto.
“el
juego crea un producto: el mundo lúdico que hace que nos entreguemos a él”, y
concluye: “jugar es una creación infinita en la dimensión mágica de la
apariencia”.
El
juego, no es cosa de niños, como construcción que consolida, jugar se traduce
en creación, acto y pensamiento representativo que en palabras de Schiller,
“conduce a la belleza”.
El
juego libera a los hombres de los límites de la vida real, puesto que es el
estado intermediario entre la sensualidad y la razón.
El juego es
la vía para construir el ideal de la belleza que nada tiene que ver con la vida
real, sino con la dimensión del espíritu que tiende a afirmar la libertad de la
persona, equilibrando la facultad de abstracción racional de los principios,
con las potencias de la impulsividad natural.
...el juego,
plantea Fink, nos entrena hacia una actitud estética frente a la vida donde hay
una sobredeterminación de la realidad del ser humano.
...el juego
es un fenómeno existencial fundamental, ya que por esencia el hombre es un
jugador... y ...es la cima de la soberanía humana donde el hombre goza del
poder creador casi ilimitado
Se trata
pues, de la creación del sujeto mismo a través de la representación de ese otro
que él quisiera ser, en oposición a la representación que él tiene de lo que
es, en síntesis, es el medio para salir de sí mismo, de dar un sentido a su
vida, condensando en la acción con la que sueña, una multiplicidad de
existencias separadas.





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