Capítulo IX
La
imaginación como tiempo
Acontece
como “espontaneidad” que realiza su más estricta función: la libertad. Imaginar es transitar desde el mundo de lo
dado a lo posible, porque su temporalidad transgrede el presente y se
constituye en acumulación, síntesis de tiempos, lleno de esperas y opciones, de
porvenir y posibilidad.
La Voluntad
de Poderio, Nietzsche (1954-56) plantea:
El
“ens” es la verdadera base de A: nuestra fe en las cosas es la primera
condición para la fe en la lógica [...].
Sartrem,
advierte que aquello que se nos da como fuera de nosotros participa y proviene
de la Existencia del Prójimo, por lo que las
teorías clásicas tienen razón al considerar que todo organismo humano percibido
remite a algo, y aquello a lo que lo remite, es el fundamento y garantía de su
probabilidad.
El prójimo es ese yo mismo del que nada me separa, nada
absolutamente excepto su pura y total libertad, es decir, esa indeterminación
de sí mismo que sólo él ha de ser por y para sí
La
“imagen imaginada” es el “ensueño” vinculado al origen de la poesía.
La mirada del
otro enmascara en sus ojos, parece ir por delante de ellos. Esta ilusión
proviene de que los ojos, como objetos de mi percepción, permanecen a una
distancia precisa que se despliega desde mí hasta ellos -en una palabra-, estoy
presente a los ojos sin distancia, pero ellos están distantes en el lugar en
que “me encuentro”
En “L'eau et les Reves” (1942) Bachelard plantea que: ...la imaginación no es la facultad de formar imágenes de la realidad; es la facultad de formar imágenes que sobrepasan la realidad, que cantan la realidad .






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